"...Vagando me alimentan pensamientos que mueven armoniosas cadencias, como pájaro en vela que canta a ciegas y en las sombras escondido entona su nocturna melodía. Y aunque con el año vuelven las estaciones, no vuelve para mí el día: ni percibo el blando crepúsculo ni la suavidad del alba, ni veo el florecer primaveral ni la rosa del estío, ni los hatos, ni los rebaños, ni las hermosas caras humanas; y, en cambio, me rodea nubes y tinieblas perdurables, y estoy separado de la alegre vida de los hombres, y para la ciencia y las obras de la Naturaleza se me ofrece un libro en blanco, borrado y raspado para mi, y se me cierra enteramente una de las puertas del saber. Si otra cosa no puede ser, brilla tu, ¡oh Celestial Luz!, en mi interior e irradia mi mente en todas sus fuerzas: planta allí tus ojos y purifica y desvanece toda oscuridad que en ella haya, para que así pueda yo ver y hablar de cosas invisibles a los mortales ojos…"
Capitulo Tercero
El Paraiso Perdido
John Milton

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