Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto.
y la frase en mis labios expiró.
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto.
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo
Amor,
yo digo aún ¿por qué calle aquel día?
Y ella dirá ¿por qué no lloré yo?
Bécquer
pero al pensar en nuestro mutuo
Amor,
yo digo aún ¿por qué calle aquel día?
Y ella dirá ¿por qué no lloré yo?
Bécquer
Hace 5 años, un viernes salimos del colegio con un compañero y fuimos caminando para la estación, teníamos 2 horas antes de entrar a educación física, y como estábamos aburridos de caminar por los mismos lugares, decidimos tomar el tren e ir hasta Lomas de Zamora.
Allí recorrimos, pero llego el momento de volver, y recorriendo la peatonal vimos, en medio de la misma, una de esas conocidas “estatuas vivientes”, de esas que por una limosna se mueven. Recuerdo cuando era mucho más joven, iba una vez con mi mama por capital y había una de estas que estaba vestida como un ángel, yo le di unas moneditas y esta me dio un anillo, tipo una alianza, estaba muy feliz con mi anillito. La cuestión es que lo vimos, y era muy particular, se vestía como un vampiro gótico, ojos con lentes de contacto blanco, piel pálida, ropa negra rasgada, era casi tétrico. Mi compañero me miro luego, y me dijo “¡A que no le das una moneda!” y yo sonriéndole, le dije “¡A que si!” mientras caminaba hacia el hombre. Al llegar a este, efectivamente le di unas monedas, con sus ojos me miro fijamente, emitió una sonrisa tenebrosa que enseño sus colmillos particularmente realistas, yo retrocedí un par de pasos pero ese, estiro su brazo hacia mí y con sus pálidos dedos de largas uñas pintadas de negro me hizo seña de que me acercara, eso hice, volvió a sonreírme y con un particular gesto de su mano tomo un papelito de uno de sus bolcillos y con una reverencia me lo entrego, yo lo tome por inercia y volví a retroceder un paso y así verlo volver a su posición inmóvil, luego camine enérgicamente hacia mi compañero sin mirar aun el papelito que me había dado aquel, y lo apure con la excusa de que ya era tarde para volver al colegio, seguramente hoy admiraría el trabajo de aquel pero en ese momento, ese día, caminando con vista fija pero perdida no quería admitir que había sentido miedo.
Allí recorrimos, pero llego el momento de volver, y recorriendo la peatonal vimos, en medio de la misma, una de esas conocidas “estatuas vivientes”, de esas que por una limosna se mueven. Recuerdo cuando era mucho más joven, iba una vez con mi mama por capital y había una de estas que estaba vestida como un ángel, yo le di unas moneditas y esta me dio un anillo, tipo una alianza, estaba muy feliz con mi anillito. La cuestión es que lo vimos, y era muy particular, se vestía como un vampiro gótico, ojos con lentes de contacto blanco, piel pálida, ropa negra rasgada, era casi tétrico. Mi compañero me miro luego, y me dijo “¡A que no le das una moneda!” y yo sonriéndole, le dije “¡A que si!” mientras caminaba hacia el hombre. Al llegar a este, efectivamente le di unas monedas, con sus ojos me miro fijamente, emitió una sonrisa tenebrosa que enseño sus colmillos particularmente realistas, yo retrocedí un par de pasos pero ese, estiro su brazo hacia mí y con sus pálidos dedos de largas uñas pintadas de negro me hizo seña de que me acercara, eso hice, volvió a sonreírme y con un particular gesto de su mano tomo un papelito de uno de sus bolcillos y con una reverencia me lo entrego, yo lo tome por inercia y volví a retroceder un paso y así verlo volver a su posición inmóvil, luego camine enérgicamente hacia mi compañero sin mirar aun el papelito que me había dado aquel, y lo apure con la excusa de que ya era tarde para volver al colegio, seguramente hoy admiraría el trabajo de aquel pero en ese momento, ese día, caminando con vista fija pero perdida no quería admitir que había sentido miedo.
Hace un par de días, ordenando mi cuarto, encontré entre varios papeles, teléfonos y direcciones sin nombre, viejos recordatorios de tareas y demás cosas olvidadas, ese papelito mal recortado que lleva impreso un poema de Bécquer. No puede evitar esbozar una sonrisa. Recuerdo haberlo leído luego con mi compañero y no haberlo entendido muy bien, recuerdo haberlo leído sin entonación… y pensar que ahora simplemente no tolero que me interrumpan cuando leo en voz alta un poema.
Un simple papel me llevo 5 años al pasado y me trajo una sonrisa, me hizo reírme de mi mismo, de cómo fui, de cuanto crecí, de lo lindas que eran esas épocas.
Un simple papel me llevo 5 años al pasado y me trajo una sonrisa, me hizo reírme de mi mismo, de cómo fui, de cuanto crecí, de lo lindas que eran esas épocas.
¿Tendré que guardar más papelitos para poder sonreír mas seguido?

No hay comentarios.:
Publicar un comentario